El mejor momento.

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Este es el mejor momento de tu vida y no dejes que nadie te diga lo contrario. El mayor momento de agobio inducido mundial es el mejor momento para hacer eso que ya te generaba tristeza no poder, y ahora te regalan tiempo para hacerlo pero con angustia.

Es el mejor momento para el indigente que está arrecho de no tener casa y por eso te llena las esquinas de mierda, pero vamos a darle una mascarilla nueva que lo proteja.

Este es el mejor momento para que sepas que John Lennon podía pedirte que imaginaras porque eso es lo único que puedes hacer como peón social, imaginar.

Es el mejor momento para atender a todos los amores como se debería, de lejos y con cuidado. Ah, y lavándose bien las manos después de tener contacto.

Este es el mejor momento para estar en casa y compartir en familia aunque tu mamá esconda el último pedacito de queso porque no sabe cuándo podrá comprar otro, aunque tu tío se emborrache y quiera golpearse a sí mismo o a todos y debas dormirte escuchando sus pasos en el piso de cemento y agua, aunque ya la cortina no aguante más huecos, aunque el agua se fue y no sé cuándo vuelvas, aunque la casa no cuente como hogar sino como una mugre guarida donde todo recuerda de dónde vienes y te de escalofríos pensar a dónde vas.

Es el mejor momento para que descubras que no te soportas.

Es el mejor momento para que sigas fumando de las flores compradas que tú mismo no te atreves a sembrar, que claramente usas como patrón de evasión al igual que lo hacía tu papá con la botella de ron, y que además llegaron a tus manos después de pasar por un montón de pacos a los que tuvieron que pagarle vacunas para que tú le tomes una fotico con filtro aesthetic y le pongas el hashtag consciencia y revolución. Es el mejor momento para que termines ese guión de la película que no se escribirá solo pero sí se ignorará solo después que lo culmines porque nadie quiere saber las historias de los artistas que no pueden sostener económicamente sus ideas.

Es el mejor momento para escribirle a mi amante y decirle que quiero pasar el 70% de mis noches montada encima de él/ella y que nunca me ha molestado su propensión a la obesidad pero podríamos enamorarnos los dos y qué pasará después de la cuarentena cuando el mundo siga siendo el peor mundo que conocemos porque Zizek está equivocado y yo me deba al compromiso declarado en momentos apocalípticos.

Es el momento perfecto para hacer la tesis de la carrera que nunca pudiste continuar y que probablemente no termines porque las facultades no tienen cupos para gente que quiera estudiar y no morir de hambre en el intento. Es el mejor momento para tener un trapo al lado de la computadora que debes devolver y llorar después de las tres videollamadas con tu jefx que te dice que debes darte con una piedra en los dientes porque al menos tienes trabajo, y que mira gracias por hacer el trabajo de 3 personas pero realmente aquí ejercemos la co-responsabilidad, término que aprendió de una influencer en un live de instagram, donde si yo soy pobre y no tengo capital ni social ni familiar ni de liquidez ni cultural mi capital es la responsabilidad con la empresa que me mantiene y por eso puedo cobrar lo equivalente a una cajita de Tic Tac’s y una Big Mac por día. Es el mejor momento para que te des cuenta que tu tristeza no es interesante si no le caes a patadas como ella a ti. Este es el mejor momento para extrañar a los abuelos y agradecer que estén bastante muertos los dos porque enseñarles a leer en Misión Robinsón para que luego les haya tocado leer esa tocadita de puertas al Fondo Monetario Internacional les habría causado otros infartos fulminantes (la causa de muerte favorita en Venezuela a falta de forenses).

El mejor momento para la autoguerra, la repulsión, el amor propio, las recetas del desastre, para ya superar el despecho de Chávez, para saber que al café le va mejor la panela que el azúcar, para la luna nueva, para Jesús Montoya, para asumir tu peo y admitir que estás enamoradx, para lanzarte en barrancos y volver, para los piscianos que atraen los cambios a punta de coñazos, para ver tu cédula y preguntarte para qué sirve, para cocinar las conchas de piña, para masturbarse con las dos manos, para no creer en otro virus que no sea la profunda oscuridad de odiarse a sí mismo. El mejor momento. Estamos en nuestro mejor momento.

Dedicado a la cuarentena.

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