«¿Qué van a saber ustedes?», cálculos para un golpe de tendencia irreversible

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Unos segundos después del veredicto abrí la calculadora. No para corroborar la imposibilidad del resultado, no para sumar y restar esos irrisorios números televisados, tampoco para abrazar a alguno de mis amigos que estaban en la sala y cuyos cuerpos asimilaban el golpe en cada una de sus parcelas individuales.

Mil novecientos noventa y cuatro menos dos mil treinta y uno, igual: treinta y siete.

Voy a tener treinta y siete años para cuando termine el tercer mandato de Nicolás Maduro. Treinta y siete, casi cuarenta, es decir, habré vivido treinta y dos años de bolivarianismo. Más de la mitad de mi historia. Más de lo que habría podido calcular. Quiero revancha. Ofrezco mi tiempo para el ajuste de cuentas.

En Venezuela ningún año electoral podría escapar de infortunios. Nuestro primero segmento del 2024 estuvo dibujado por la cacería social de pocas oportunidades laborales, el aumento desaforado de la competencia en atajar tigres flacos, y la insufrible, despiadada y repugnante campaña llena de jingles terribles, shows de presupuestos abultados, vallas con insuperables errores gráficos, pendones forrando basureros, e innumerables contaminaciones que dejó como saldo esta contienda electoral. Nuestras vidas pasaron a ser una labor ansiosa en comicios, una cotidianidad del certamen. Los últimos días se volvieron oportunos para sondear a mi grupo cercano de gente e insistir, ¿vas a votar, verdad?. A los no interesados, intenté exponerles mis razones sobre el por qué sí, y a los que no se apuntaron, les pedí amablemente no compartirme sus quejas sobre el país, porque quien no siente deseos de expresar su voluntad política es cómplice de los sucesos que le acompañan. Duro, sí, pero no era el momento de ponerse traje y vestir distancia y categoría. La unica solución para expiar todo ese alboroto estaba puesta en la consulta popular. Tal vez la tiranía hizo su trabajo de adomercimiento generacional, tal vez hemos sobrevivido demasiadas veces al fracaso político, así que cuando fue 29 de julio a las 12:09 de la madrugada, y Elvis hizo lo que hizo, un estado de perplejidad y shock de costumbre se apoderó de nosotros. Estábamos pasmados frente a un viejo abismo recurrente. Se robaron las elecciones. Aquí vamos de nuevo.

Cuando era pequeña, podía pasar horas con la calculadora sacando cuentas ingenuas: cuántos años tendría mi papá cuando yo cumpla 30, cuántos años faltan para ser mayor de edad, en qué año podría morirse mi abuela, hace cuánto murieron los dinosaurios, cuánto tiempo falta para el 2021. Todos esos años llegaron más rápido de lo que pude haber imaginado. El tiempo alcanzó a mis pestañas y el devenir venezolano fue un continuo lugar de damnificaciones. Abandoné la universidad, me di cuenta que éramos pobres, pasé mucho tiempo en la calle, hice más cosas ilegales de las que habría querido, hice amigos en lugares que ya no existen, y abandoné extremidades que aún me persiguen.

He encarado varias veces el deseo de quemarlo todo. ¿Es posible que sea una condición nacional identitaria?. Superando el vórtice inflamable que produjo el Consejo Nacional de Engaños, quien prestó dócilmente su recinto, una vez más, para hacer gracias y morisquetas, los eventos subsecuentes fueron combustible para la más frondosa ira. Intentaré hacer una cronología:

  • 29 de julio -1:17 AM. En el cielo unos drones. Su presupuesto seguramente abarcaría unas buenas tuberías o paredes de hospitales. Dibujaron bigotes, frases, y otros logotipos de nuestra simulación. En el cielo, las mentiras. En la tierra, la verdades.
  • 29 de julio -1:38 AM. Gritaron con brío: fraude.
  • 29 de julio -2:13 AM. Si sabíamos lo que iba a pasar, ¿por qué duele así?.
  • 29 de julio – 9:18 AM. No estaba segura de quién se levantaría primero. Creo que fui yo, pero ya todos estaban despiertos, ¿habrán soñado con algo distinto al desastre?.
  • 29 de julio – 10:00 AM. Arepas con sardinas en escabeche, mermelada de tamarindo picante, café. Marquesa de chocolate de R y J. Todo va a estar bien.
  • 29 de julio – 2:00 PM. «Nos vamos». Ok, avisen al llegar.
  • 29 de julio – 4:43 PM. Nada va a estar bien. Tengo 3 televisoras digitales en simultáneo. Olvidé lo insano que resulta ver una propaganda estúpida mientras algo terrible sucede. Un gentío empieza a caminar desde Petare y en la Av. Urdaneta tirotean gente con furia bolivariana. Nada está bien, otra vez. Nada se arregló, lo sabíamos. En la mañana había arepas, ya es de tarde y solo hay humo. Sancoché tres huevos para una ensalada, salí a la calle, el olor de arrechera me quitó el hambre. Otra vez el país y la rabia contagiándose. Otra vez unos policías pasan y no sé a quiénes van a matar. Otra vez la bilis.
  • 29 de julio – todo el día y toda la noche. Fraude. Fraude. Fraude. Estatuas cayeron gloriosamente y la satisfacción se adueñó de nosotros. Vinieron los memes, los chistes, los arrebatos. Y el miedo, un profundo miedo silencioso. ¿Y entonces?.

El tiempo sigue pasando. Faltan 145 días para que se termine el año. Calcular es insoportable.

La impaciencia por el reconocimiento público de los resultados reales y la publicación de las actas de parte del CNE se tragó el mes. Nicolás fue proclamado, Amoroso seguro tocó el saxo esa noche. Pérez Pirela soltó iguanas en Twitter y ahora tenemos la red social más importante de información en Venezuela bloqueada. Juan Barreto busca garantizarse una pensión simbólica (y económica, probablemente) en el imaginario. Andrés Izarra, Eva Golinger y Maripili mean en un perol del cual algunos empiezan a beber con los fetiches particulares de políticos de larga data. Al final del día, todos conocen sus mañanas. Tarek tiene prohibido usar Grindr y hace cosas con su aparato sexual que el pueblo le reprocha igual o más que los crímenes de justicia. Yo le reprocho no haber continuado con la poesía. Más de dos mil personas han sido encarceladas con un proceso judicial inexistente. Dijeron que construirían dos cárceles de repente. Ojalá se devoren la plata y termine en algún bikini usado en Los Roques. Los amigos que no votaron también se sienten penosos de comentar algo sobre la situación porque… ay. En pocos días he vuelto a ver pasajes y a hablar sobre eso que todo el mundo piensa que es irse. Frenética, envío currículums a cualquier taguara comercial: bares, oficinas, empresas sin importancia que deseo sientan el mismo desespero y tomen la oportunidad de llamarme. Hago un conteo de mis saldos bancarios. Pánico. Pienso en coger pero me da vergüenza mencionarlo. Nadie habla sobre la líbido entretanto sucede un golpe de estado. La espalda se dobla y el cabello se vuelve a caer. Hago sopa hoy y no sé cuántos caldos más amerite el escenario. Cien menores de edad no habrán comido bien desde hace días. El miedo se expande y todos buscamos mecanismos para extirparlo antes que el hambre vuelva a caer sobre nuestros hombros, pero ¿qué van a saber ustedes?.

¿Sabrán ustedes lo qué le han hecho al país? ¿Habrán sacado algunas cuentas rápidas más allá de las fraudulentas?

¿O qué saben ustedes?

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