Perdóname porque sé que mis tiempos y…

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Un cangrejo de la costa venezolana. O un signo cáncer retrocediendo.

Odio los puntos suspensivos. Tal vez odio toda suspensión, pues existe la implicación de estar colgando en alguna parte, o en el suspenso más burdo. También es que el suspenso es aburrido, no termina de ser misterio ni alcanza a ser horror, misterio, thriller. Ya no existe el suspenso, como género, digo. Hoy solo existe el horror. Mañana se cumple una semana enterita y pronto se cumplirá un año, ¿verdad que sí?, [promételo, por favor]. Está creciendo en la ventana de la cocina una matica, es ají; el ají no mantiene ocupado a nadie, porque es absolutamente independiente; la independencia ocupa solo a quien se independizó, a nadie más. Hoy estuvimos a ciento ochenta metros el uno del otro. Siempre es así, siempre hemos estado separados por medidas sorpresivas de longitud, pero distanciados radicalmente en medidas de tiempo -éste es un momento para aprender de medidas-. Los suspensores no tienen medidas, los strap-ons sí. La primera vez que usé un strapon… [estos puntos suspensivos no cuentan, solo que no sé cómo empezar a decir esto], estaba tan fuera de mí y tan poco dentro de XY; porque sabes, penetrar no es tan fácil como lo hacen ver los varones especialistas para entrar a la fuerza. Penetrar requiere una dosis poco descrita y escasamente equilibrada de ignorar la posibilidad de hacer daño, porque penetrar es abrir una proporción del otro que debe estar en condiciones, en consenso, en aliento y viscosidad; por eso las mujeres penetradoras nos vemos en la difícil tarea de ser un poco menos intrusivas y solo penetradoras. Lo hice muy bien, eso creo, porque XY no dejó de escribir para solicitarlo y yo no volví a repetirlo [aquellas otras veces no cuentan, lo que cuente debe ser voluntario]. Al menos sé que no lo volví a hacer bien hasta XX. Tal vez para que este tiempo de suspensión transcurra de una forma menos punzante deba haber más penetración, tal vez deba esforzarme un poco más por eso. Ah, eso también, las mujeres debemos esforzarnos un poco más, hasta para penetrar. En fin, íbamos a tus tiempos. Tus tiempos siempre serán para ti. Tus tiempos están protegidos y se quedarán contigo. Tus longitudes y sistemas de medición. En tus tiempos todo está perdonado. En los míos, debo esforzarme un poco más para llegar a ese perdón. Hay que esforzarse para no suspenderse uno mismo ni al otro, para penetrar sabia y voluntariamente. Me esforcé hoy para no reducir esos ciento ochenta metros. Me esfuerzo para perdonarte a ti, y a tus tiempos. Estoy suspendida, hasta entonces.  


Especulación inferida mientras en el horno hay un pan de cambur para mañana. 

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