Notas sobre el blindaje autodidacta y el fisting afectivo-patriótico, o una exposición breve de las dinámicas gubernamentales incorporadas en el paisaje sexual de la transición sociopolítica. Esto iba sobre cojer y era importante. Ahora no lo sé.

1.
Para una excitación parcialmente eficiente tendrás que mencionar algún lugar que dejó de existir, pero necesitas comprobar que sí conoces la referencia, que sí tienes memoria de aquel país o aquella ciudad que todavía le engrosa alguna vena del pene o le humedece alguna esquina de la pantaleta. Tal vez excitarse en este momento va de quién puede recordar más cosas que ya no existen. Todo eso lo logra la devastación, ponernos en el lugar de competir con la memoria, con el pasado, aunque sea igual de infame y tenebroso.
Le quieres preguntar un poco más sobre su vida pero le tienes miedo. X también le tiene miedo a su propia vida en este momento.
La última vez que se vieron se mandaron a la mierda con la mirada. Era una cuestión de soberbia, pensando que habrían otras oportunidades para que esa mierda fuera un suceso reparable. X siempre ha sentido un remordimiento fatal porque su familia completa había sido chavista; al menos no lo ocultaba, como todos. Tú, más que lleno de arrepentimientos, siempre has estado llenx de un odio comprensible por perderlo todo, un odio que no terminó ni con la adicción a la porno en 360p ni con las sustancias que consumiste antes de irte y al regresar por navidades a una familia que desconoces en una ciudad a la que no le importas. Ahora están parados en esta calle, y no saben qué hacer el uno con el otro, pues la parálisis gubernamental compromete la estabilidad de los cuerpos, la excitación real, el consenso, la comunicación, los acuerdos.
—¿Te acuerdas cómo llegar a tu casa?
—Me acuerdo más de cómo llegar a la tuya.
—¿Cuándo llegaste?.
—-¿Cuándo te vas?.
—¿Y ahora estás con?.
—Una nacionalidad.
—¿Y lo primero?.
—No estoy entendiendo.
—¿Nos vemos mañana?,
—¿Nos vemos allá?.
—Hasta una próxima vez.
—Hasta alguna vez.
2.
Adoptó un poco de acento chileno y eso te está bajando el guevo. No puedes sacarlo, concéntrate, es ahora o quién sabe cuándo será la próxima oportunidad. Recuerda algo sobre Chile, ¡rápido!; coño, no Allende, no seas gafo. Los Prisioneros te gustan, ¿o era La Ley?. Qué gustos de tonto tienes. Mierda, ¿eso que estás viendo es un tatuaje con un nombre?, voltéala un poco para leer qué dice. Ya hemos hablado de esto, si no haces ejercicio y te sigues refugiando en la maldita crisis para no trabajar la resistencia física no podrás voltear a nadie. Bueno, voltéate tú. Espera, uy, de repente se siente frío, ¿acabaste?. No, viene de ella; los fluidos de las mujeres son tan sorpresivos. No era de ella, pisaste un lubricante, ¿por qué usa un lubricante?, ¿acaso ya no eres suficiente?. Contrólate. Probablemente quiere que le acabes en la cara porque a su papá lo acaban de liberar del Helicoide. Exacto, sí, házte notar. Tienes cinco llamadas perdidas, ¿compraste el botellón de agua?, ¿preguntaste el precio de la fibra óptica?, ¿mandaste el correo renunciando a donde tampoco iban a contratarte?. Aprovecha para decir que no estarás libre el fin de semana por un tigre. Cambia a bolívares para salir de aquí, calculo que de La Trinidad hasta La Candelaria serán unos 15 dólares. Se te está pasando el tiempo para comprar una moto, ya hemos hablado de esto también. Tranquilo, estamos juntos en esto. Somos tres. Tal vez cuatro, si cuentas el recuerdo de su ex en este mismo cuarto. Ah, una pregunta, ¿hasta cuándo quieres seguir haciendo esto?. Ya pedí el taxi, por favor acaba pronto, que estamos todos jodidos, y no tienes que demostrar nada.
3.
Por aterrador como suene, y aunque silencioso y pudoroso, trabajaremos a partir de ahora bajo la hipótesis de que existe un pequeño Miraflores chiquitito en una gran porción de ciudadanos con los que convivimos en este momento. Una alcabala, un helicoide, un recinto de poder y oscuridad que sirve para nada más que preservar el instinto destructivo de creer que tenemos control sobre algo. Es que si un imbécil, o varios imbéciles, pudieron ser tiranos-jugadores de pádel, quiénes somos nosotros para no reproducirlo. La venezolanidad sabe mucho de emular y acompasarse con la estética del momento, con las tendencias. Así, desapareciendo los sindicatos y los espacios públicos, rodeados de comunidades acorraladas en una alteridad reprimida, asimilando una existencia degradada a la supervivencia, hemos estado cubiertos por una capa de sexoafectividad con la que hemos lidiado las últimas décadas, compuesta por un sentido destructivo de pánico, la escasez, y la fragilidad. Estas capas tienen distintos recelos y texturas, claramente, si naciste después del milenio, antes del susodicho, o cuando todavía éramos aquel país. Los otros -nuestros compatriotas- son una superficie en la que, además de proyectar el deseo, hurgamos por algún órgano anatómicamente funcional que produzca posicionamiento y opinión; quién piensa qué sobre qué cosa. Quién está de qué lado, y cuántos lados existen. Vincularse en medio de una contingencia que ha ocupado, en algunos casos, más del 50% de nuestro despertar y vida sexual, ha sido una catástrofe en la que podríamos contabilizar numerosos daños. Es una vida coital atada a los fenómenos políticos y, estadísticamente certera, a experiencias de ruinas, vacíos, ausencias. Nuestra sexualidad atrofiada es hoy también un legado político que valdría la pena -y las ganas- revisar en muchas de sus aristas. Seguramente podrían humedecerse ciertas perspectivas y recuperar alguna naturaleza subjetiva donde encarnemos un nuevo sentido de oportunidad en los intercambios, las intimidades, la confianza en el cuerpo del otro. Por el momento, todo se siente como un fisting abanderado por la sospecha y la herida, y sin ninguna lubricación suficiente.
4.
Quiero que llegue el agua y quiero cojer, quiero que sepas dónde comprar comida a mejor precio y cojer, quiero que sepas comprar comida y coger, quiero comer y coger, cocinar y coger, quiero calcular la tasa del dólar de memoria y cojer, no quiero compartir alquiler pero quiero cojer, quiero que sepas hacer el almuerzo o que no me molestes y quiero cojer, quiero escribir mejor y quiero cojer, quiero no descargarme Tinder pero quiero cojer, quiero que vayas a terapia y quiero cojer, quiero no cogerme a alguien que haya pagado alguna vez por coger, quiero escribirle solo para coger, quiero no seguir teniendo miedo de coger, quiero coger sin miedo de querer pero tampoco quiero querer, quiero cojer con alguien que no esté cojiendo con otro a menos que lo decidamos juntxs y quiero cojer, quiero que renueves el pasaporte y cojer, quiero que sepas que me sabe a mierda el fin del mundo y quiero cojer, quiero no pisar nunca un gimnasio porque no quiero que importe más la tonificación que cojer, quiero no escuchar más nunca algún caso nefasto de torturas y corrupción justo antes o después de cojer, no quiero saber tu ascendente ni que sepas mi signo solar porque me interesa es cojer, quiero no cojerme nunca a ningún ex de una amiga a ningún jefe ni guitarrista ni artista ni poeta ni DJ pero quiero cojer, tal vez quiero un repartidor de MRW para cojer aunque otras veces no ha funcionado, quiero no ponerme bótox en la esfera del culo ni hacerme las tetas o recortarme un pezón pero quiero cojer, quiero que sepas que creo en dios y el destino y quiero cojer, quiero saber si tú quieres cojer teniendo claro que cojer significa solo ese nivel de palabras, esas letras, nada más.
Quiero seguir en este país, pero solo si puedo cojer.
2026 arte venezolano Cachitos calle Cangrejos caracas Cochino cojer cojerenvenezuela Comida coronavirus cultura DemasiadasValentinas desnuda elecciones2024 eleccionesvenezolanas elfistingesparasoñadoresdejendeverpornoycrezcan Especulaciones Está Jevi Fiesta en Caracas Lunas no volverán Patria poesía poesía venezolana pálmenes yarza siemprequieroescribirsinespecificargéneroporquenocreoendirigirmealobinarioperoescomplicado TodavíaPiensoEnSusPecasCoño Torturas Transición venecolandia venezuela venezuela2024 y volvieron

Deja un comentario